¿Qué se te pasará por esa cabecita?

Cuántas veces me habrán dicho eso, cuántas veces…

Siendo mujer es inevitable que te ocurra en algún momento, que algún atrevido te pregunte así, sin sospechar que es imposible que tengas una respuesta clara, eso de: ¿qué se te estará pasando por esa cabecita?

Lo que una mujer guarda en su cabeza es un abismo insondable y, aunque no lo creáis resulta que ese abismo no es igual que el de la cabeza de un hombre. Ni es igual ni se entra o se sale de él de la misma manera. Vamos, que aquello de que las mujeres no sabemos leer mapas y los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez tiene, con ciertos matices, una rigurosa base científica.

Leyendo un poco en estos días sobre este tema, me he encontrado con cosas muy divertidas. Sí, la ciencia también puede ser divertida. De forma que voy a tratar de explicar estas diferencias tratando así de liberarme de este pensamiento rizomático que me lleva además a encontrar por todas partes opiniones y disertaciones laterales de unos y otros.

Según estudios realizados en los últimos años, el cerebro de hombres y mujeres es y funciona de manera diferente. Somos de la misma especie -o eso dicen- pero pese a todas nuestras similitudes, en algo tan esencial como el cerebro, somos distintos.

En un vídeo que se hizo viral en muy poco tiempo –Historia de dos cerebros, de Mark Gungor-, se trataba de explicar desde el humor esta circunstancia. Cuando lo vi me pareció que, gracietas machistas al margen, podría encerrar algunas verdades, de forma que os voy a resumir el discurso del vídeo para ver si luego lo puedo razonar.

Según este tipo tan ocurrente, el cerebro de los hombres esta dividido en algo así como cajas perfectamente separadas unas de otras. Esas cajas pueden ser conectadas conscientemente a modo de red, pero cómo se conectan esas cajas es distinto en cada uno de ellos, aunque lo importe es que son capaces de mantenerlas independientes en eso que podría llamarse “compartimentos estancos”. Por si fuera poco, cuentan con una enorme ventaja competitiva frente a nosotras, las mujeres ya que, por lo visto, cuentan con una caja vacía, sin nada de nada dentro.

Sé que os estaréis desternillando de risa, sobre todo vosotros, hombres que leéis esto. Sin embargo, me vais a permitir que continúe antes de que os entren ganas de rebanarme viva.

Lo que los hombres hacen con su cerebro es un proceso muy sencillo, muy simple: ordenan, categorizan, reflexionan y establecen relaciones manteniendo cada cosa dentro de la caja que le corresponde. Si necesitan vincular, lo hacen, pero no mezclan ni sustituyen el contenido de una caja por el de otra. No al menos en su cerebro.

Bien, sin embargo nosotras, féminas nacidas sin caja vacía, usamos nuestro cerebro formado por cajas mezcladas y/o metidas unas dentro de otras, de una forma completamente distinta. Nosotras no mantenemos cada cosa dentro de la caja que le corresponde porque lo primero que vemos y entendemos es lo común a todas las cosas, lo plural frente a lo singular. Organizamos, categorizamos, reflexionamos y establecemos relaciones mezclando de aquí y de allí, llevando esto “que es de esta caja, hasta esta otra caja”. Actuamos más desordenadamente, pero con la peculiaridad de que no nos atoramos con la mezcla.

Por si fuera poco, nosotras no tenemos caja vacía, de forma que somos incapaces de “no estar pensando nada”. Efectivamente, cuando alguien te pregunta ¿qué se te estará pasando por la cabeza? y eres mujer, lo normal es que se te estén pasando mil cosas por la cabeza. Y no es una manera de hablar. Sin embargo, ellos pueden recurrir a su caja vacía y no estar pensando en nada. De hecho, según Gungor, suelen hacer esto con cierta facilidad, incluso aunque a nosotras nos parezca inaudito.

Bien, ahora que os habéis reído un rato -y reconozco que a mí me hace muchísima gracia esta explicación-, vamos a ser un poco más científicos.

Según F. Rubia, Catedrático de Medicina de la UCM y experto en temas de neurociencia, “en el cerebro masculino existen más conexiones directas, fundamentalmente en su parte delantera y trasera, dentro de cada hemisferio. Por el contrario, en el femenino hay más conexiones cruzadas entre los dos hemisferios” (El sexo del cerebro, Madrid. Temas de hoy).

Esta afirmación parece dar la razón a esa primera gracia sobre “las cajas independientes y las cajas mezcladas”. Evidentemente, si esto es así, explicaría que los hombres tengan una mayor capacidad para concentrarse en ejecutar una única tarea, mientras que las mujeres pueden realizar varias de forma simultánea.

Conexiones-neuronales-humanas

Os dejo imaginar cual es el masculino y cual el femenino…

Según F. Mora, Catedrático de Fisiología humana y molecular en la UCM, “el cerebro masculino tiene un mayor tamaño que el femenino y está preparado para trabajar fijando su atención en cosas concretas, controlando las emociones -algo que está condicionado también por el hecho de tener más desarrollado el hemisferio izquierdo, el del pensamiento lógico y racional-.” (Neurocultura, una cultura basada en el cerebro. Madrid, Alianza).

Vale, vale, ya sabemos todos que “el tamaño no importa”, salvo con lo que importa, y que la inteligencia no se mide en cantidad de cerebro, ni se vende y compra al peso como los callos en una charcutería, pero el hecho de que los hombres tengan un cerebro “algo mayor” implica necesariamente que tengan un mayor número de conexiones neuronales que, por lo que hemos visto, son directas. Por tanto, podemos concluir que ellos no piensan tanto las cosas, no les dan tantas vueltas como nosotras. Son más resolutivos, sintéticos y directos.

Varios estudios realizados en distintos países han concluido además que los hombres tienen, por todo esto, una mayor capacidad visuo-espacial, una mejor resolución matemática, una mayor tendencia a la agresividad y mejores aptitudes para el lanzamiento de objetos.

Bueno, que queréis que os diga, a mí algunas de esas cosas no me parecen muy útiles…

De igual modo, el cerebro femenino resulta ser “más equilibrado” y, aunque gasta más energía en el proceso concreto de conectar y relacionar -claro, con todas esas cajas mezcladas no me extraña-, en medición absoluta nosotras gastamos bastante menos que ellos -hay que ver hasta donde somos capaces de llevar las mujeres eso del ahorro…-.

Consecuentemente, generamos una mayor fluidez en los procesos de pensamiento, lo que incide en el desarrollo verbal. O sea, que eso de que hablamos más, también tiene ciencia a las espaldas!! Sin embargo, me quedo con la esencia de este pensamiento: usamos menos energía global y menos conexiones neuronales -ya que nuestro cerebro es menor-, para obtener los mismos resultados de forma efectiva.

Finalmente, me he encontrado con una conclusión interesante que quiero compartir con vosotros. Resulta que el área preóptica medial, que es la zona del hipotálamo donde se regula el impulso sexual, es 2,5 veces más grande en el cerebro masculino que en el femenino y, aunque en otros mamíferos como los roedores, esta zona puede llegar a ser siete veces mayor, ya con esta diferencia se podría explicar esa eterna cuestión que os acaba de asaltar a todos con cierta sorna.

Como veréis no he encontrado ningún atisbo científico en ninguna parte sobre la existencia de una “caja/hueco vacío” en el cerebro masculino, pero la verdad es que no me importa, me parecería genial que la tuvieran, por no decir que creo que conozco a algunos que seguro la tienen, e incluso puede que más de una!!!

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