Lugares inspiradores

Existen lugares en los que una vez que entras no quieres salir. No es que sean bonitos, exóticos o diferentes -que puede que sean un poco de todas esas cosas-, lo que pasa es que te atrapan por algo indeterminado, conectan contigo de una forma especial.
Yo, que suelo buscar sitios donde poder pararme a escribir, encuentro de vez en cuando alguno de esos lugares.
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Cuando me ocurre, hago lo que he hecho hoy: saco mi agenda y me pongo a garabatear ideas. Entonces, si el sitio es “uno de esos sitios”, puedo pasar horas en él como si fueran minutos, puedo abstraerme del resto de cosas que podrían interferir en mi mundo sensible. Dejo entonces de escuchar la música que, en ocasiones, suena de fondo; olvido que terminé mi café y mi vaso de agua hace más de una hora; paso por alto inconscientemente la mirada de ese camarero tan sexy que me observa desde el otro lado de la barra… Incluso he llegado a despreocuparme de una cita que tenía con alguien después, lo que hará inevitable el que vuelva a llegar tarde.
Esos lugares un poco mágicos existen -seguro que os habéis encontrado con alguno igual que yo-, y cada vez que pongo un pie en ellos me siento como Alicia a punto de entrar en el país de las maravillas.

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P.D.: He encontrado “Rebeca” entre los libros desordenados que se ofrecen al lector curioso en la viejísima (y maravillosa) estantería de madera que hay junto al sofá amarillo. No he podido resistirme a abrir sus páginas y buscar el inicio del Capítulo I:

Anoche soñé que había vuelto a Manderley…

Definitivamente este sitio me acaba de conquistar!!
(Escrito en KHO TAO, calle Bengoetxea, 2. San Sebastián. 22 de noviembre de 2014)

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¿Qué se te pasará por esa cabecita?

Cuántas veces me habrán dicho eso, cuántas veces…

Siendo mujer es inevitable que te ocurra en algún momento, que algún atrevido te pregunte así, sin sospechar que es imposible que tengas una respuesta clara, eso de: ¿qué se te estará pasando por esa cabecita?

Lo que una mujer guarda en su cabeza es un abismo insondable y, aunque no lo creáis resulta que ese abismo no es igual que el de la cabeza de un hombre. Ni es igual ni se entra o se sale de él de la misma manera. Vamos, que aquello de que las mujeres no sabemos leer mapas y los hombres no pueden hacer dos cosas a la vez tiene, con ciertos matices, una rigurosa base científica.

Leyendo un poco en estos días sobre este tema, me he encontrado con cosas muy divertidas. Sí, la ciencia también puede ser divertida. De forma que voy a tratar de explicar estas diferencias tratando así de liberarme de este pensamiento rizomático que me lleva además a encontrar por todas partes opiniones y disertaciones laterales de unos y otros.

Según estudios realizados en los últimos años, el cerebro de hombres y mujeres es y funciona de manera diferente. Somos de la misma especie -o eso dicen- pero pese a todas nuestras similitudes, en algo tan esencial como el cerebro, somos distintos.

En un vídeo que se hizo viral en muy poco tiempo –Historia de dos cerebros, de Mark Gungor-, se trataba de explicar desde el humor esta circunstancia. Cuando lo vi me pareció que, gracietas machistas al margen, podría encerrar algunas verdades, de forma que os voy a resumir el discurso del vídeo para ver si luego lo puedo razonar.

Según este tipo tan ocurrente, el cerebro de los hombres esta dividido en algo así como cajas perfectamente separadas unas de otras. Esas cajas pueden ser conectadas conscientemente a modo de red, pero cómo se conectan esas cajas es distinto en cada uno de ellos, aunque lo importe es que son capaces de mantenerlas independientes en eso que podría llamarse “compartimentos estancos”. Por si fuera poco, cuentan con una enorme ventaja competitiva frente a nosotras, las mujeres ya que, por lo visto, cuentan con una caja vacía, sin nada de nada dentro.

Sé que os estaréis desternillando de risa, sobre todo vosotros, hombres que leéis esto. Sin embargo, me vais a permitir que continúe antes de que os entren ganas de rebanarme viva.

Lo que los hombres hacen con su cerebro es un proceso muy sencillo, muy simple: ordenan, categorizan, reflexionan y establecen relaciones manteniendo cada cosa dentro de la caja que le corresponde. Si necesitan vincular, lo hacen, pero no mezclan ni sustituyen el contenido de una caja por el de otra. No al menos en su cerebro.

Bien, sin embargo nosotras, féminas nacidas sin caja vacía, usamos nuestro cerebro formado por cajas mezcladas y/o metidas unas dentro de otras, de una forma completamente distinta. Nosotras no mantenemos cada cosa dentro de la caja que le corresponde porque lo primero que vemos y entendemos es lo común a todas las cosas, lo plural frente a lo singular. Organizamos, categorizamos, reflexionamos y establecemos relaciones mezclando de aquí y de allí, llevando esto “que es de esta caja, hasta esta otra caja”. Actuamos más desordenadamente, pero con la peculiaridad de que no nos atoramos con la mezcla.

Por si fuera poco, nosotras no tenemos caja vacía, de forma que somos incapaces de “no estar pensando nada”. Efectivamente, cuando alguien te pregunta ¿qué se te estará pasando por la cabeza? y eres mujer, lo normal es que se te estén pasando mil cosas por la cabeza. Y no es una manera de hablar. Sin embargo, ellos pueden recurrir a su caja vacía y no estar pensando en nada. De hecho, según Gungor, suelen hacer esto con cierta facilidad, incluso aunque a nosotras nos parezca inaudito.

Bien, ahora que os habéis reído un rato -y reconozco que a mí me hace muchísima gracia esta explicación-, vamos a ser un poco más científicos.

Según F. Rubia, Catedrático de Medicina de la UCM y experto en temas de neurociencia, “en el cerebro masculino existen más conexiones directas, fundamentalmente en su parte delantera y trasera, dentro de cada hemisferio. Por el contrario, en el femenino hay más conexiones cruzadas entre los dos hemisferios” (El sexo del cerebro, Madrid. Temas de hoy).

Esta afirmación parece dar la razón a esa primera gracia sobre “las cajas independientes y las cajas mezcladas”. Evidentemente, si esto es así, explicaría que los hombres tengan una mayor capacidad para concentrarse en ejecutar una única tarea, mientras que las mujeres pueden realizar varias de forma simultánea.

Conexiones-neuronales-humanas
Os dejo imaginar cual es el masculino y cual el femenino…

Según F. Mora, Catedrático de Fisiología humana y molecular en la UCM, “el cerebro masculino tiene un mayor tamaño que el femenino y está preparado para trabajar fijando su atención en cosas concretas, controlando las emociones -algo que está condicionado también por el hecho de tener más desarrollado el hemisferio izquierdo, el del pensamiento lógico y racional-.” (Neurocultura, una cultura basada en el cerebro. Madrid, Alianza).

Vale, vale, ya sabemos todos que “el tamaño no importa”, salvo con lo que importa, y que la inteligencia no se mide en cantidad de cerebro, ni se vende y compra al peso como los callos en una charcutería, pero el hecho de que los hombres tengan un cerebro “algo mayor” implica necesariamente que tengan un mayor número de conexiones neuronales que, por lo que hemos visto, son directas. Por tanto, podemos concluir que ellos no piensan tanto las cosas, no les dan tantas vueltas como nosotras. Son más resolutivos, sintéticos y directos.

Varios estudios realizados en distintos países han concluido además que los hombres tienen, por todo esto, una mayor capacidad visuo-espacial, una mejor resolución matemática, una mayor tendencia a la agresividad y mejores aptitudes para el lanzamiento de objetos.

Bueno, que queréis que os diga, a mí algunas de esas cosas no me parecen muy útiles…

De igual modo, el cerebro femenino resulta ser “más equilibrado” y, aunque gasta más energía en el proceso concreto de conectar y relacionar -claro, con todas esas cajas mezcladas no me extraña-, en medición absoluta nosotras gastamos bastante menos que ellos -hay que ver hasta donde somos capaces de llevar las mujeres eso del ahorro…-.

Consecuentemente, generamos una mayor fluidez en los procesos de pensamiento, lo que incide en el desarrollo verbal. O sea, que eso de que hablamos más, también tiene ciencia a las espaldas!! Sin embargo, me quedo con la esencia de este pensamiento: usamos menos energía global y menos conexiones neuronales -ya que nuestro cerebro es menor-, para obtener los mismos resultados de forma efectiva.

Finalmente, me he encontrado con una conclusión interesante que quiero compartir con vosotros. Resulta que el área preóptica medial, que es la zona del hipotálamo donde se regula el impulso sexual, es 2,5 veces más grande en el cerebro masculino que en el femenino y, aunque en otros mamíferos como los roedores, esta zona puede llegar a ser siete veces mayor, ya con esta diferencia se podría explicar esa eterna cuestión que os acaba de asaltar a todos con cierta sorna.

Como veréis no he encontrado ningún atisbo científico en ninguna parte sobre la existencia de una “caja/hueco vacío” en el cerebro masculino, pero la verdad es que no me importa, me parecería genial que la tuvieran, por no decir que creo que conozco a algunos que seguro la tienen, e incluso puede que más de una!!!

Escapando de la rutina

“El pensamiento y la palabra son para el artista los instrumentos del arte”. (Oscar Wilde)

Uno crea un blog un día sin saber muy bien el motivo por el que lo ha hecho.

Si te dedicas como yo a la enseñanza en el ámbito de la Comunicación, es muy probable que tengas el blog porque profesionalmente es una herramienta que puede serte útil. Puede que tengas el blog para expresar tus ideas, teorías o pensamientos, independientemente de tu quehacer profesional, lo cual confiere a este espacio un cierto aire libertario y puede que hasta ególatra: “alguien habrá por ahí que le apetezca leer lo que yo escribo”, pensará quien así lo hace. Puede que incluso alguien tenga un blog simplemente para probar lo que es, para ver el mecanismo. Este tipo de personas me parece muy interesante, porque van más allá de la utilidad práctica y buscan básicamente probar algo nuevo por el simple placer de hacerlo. Finalmente, hay gente que tiene un blog porque otros lo tienen, porque otros se han aventurado a tenerlo y claro, es difícil resistirse a una moda o a una tendencia actual.

Yo tengo un blog desde hace unos cuantos años y lo tengo por el primero de los motivos: profesionalmente me resultaba útil. Es un blog dedicado al cine básicamente y sus lectores son, en su mayoría, alumnos o ex-alumnos míos (que ya tengo unos cuantos centenares). Sin embargo, el blog no siempre me llama. Quiero decir que yo, que soy lectora empedernida y escritora compulsiva, no me siento atraída sobremanera por mi blog y, por tanto, escribo en él prácticamente por obligación. Es cierto que siento cierto placer al hacerlo, unas veces más que otras, pero nada ocurre si estoy dos meses sin escribir en él, porque no siento permanentemente la llamada del escritor.

Sin embargo, mis cuadernillos de notas, mis agendas de escritor crecen y crecen. Escribo en lugares rarísimos y momentos rarísimos, escribo de cosas de lo más variopintas y que nada tienen que ver con el cine. Escribo muchas veces pensamientos que me han venido a la mente después de la charla con algún amigo o colega; otras escribo después de dedicarle un tiempo a mis pensamientos, lo cual hago mucho últimamente.

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Mis agendas de escritor… todo el mundo me regala una, y yo tiendo a llenarlas de todo aquello que “se me pasa por la cabeza”

¿Y porqué os cuento todo esto? se preguntará alguno que quizá se ha atrevido a leerme. Pues porque este blog nuevo es para esas cosas que tengo guardadas en las agendas y en los cuadernos de notas. Porque después de algunas vueltas y desvelos nocturnos, me he dado cuenta de lo fácil que resulta escribir cuando quieres hacerlo realmente y eso no se puede cambiar. Mi amiga llamada “X”, dice que soy una especie rara porque escribo de cosas muy diferentes y porque salto de una a otra con suma facilidad, sin perder el sentido de la continuidad. Y me encanta cuando me dice esto. Quizá es que me influye el mundo fílmico, ese que hace que siempre tengas en cuenta que un plano tiene mayor sentido siempre cuando eres capaz de ver la relación con su precedente y su sucesor. O puede que sea simplemente que huyo como la peste de la especialización profunda en la que se ha sumido la cultura en general y la formación académica en particular. Ese pensamiento tan extendido de que tendrás más éxito en la vida si te formas en una faceta concreta, en lugar de conocer lo fundamental del universo al que puede pertenecer (o no), me escandaliza y reconozco que ha sido ese punto de vista y lo behemente de su defensa lo que me ha costado el puesto hace poco, pero es algo que no me pesa qué caray, porque yo soy así.

No sé lo que os parecerá a vosotros ésto, pero a mi me parece una declaración de intenciones y, efectivamente, lo es. Yo escribo siempre de lo que quiero, pero nunca hasta ahora me había planteado decírselo a nadie. Sin embargo, ya es tiempo de contar, así que me vuelvo a estrenar en un blog y los que quieran saber de cine siempre tendrán Lo que el viento se llevó, siempre podrán volver sobre los planos de Pulp fiction o sobre la brillantez esteticista de 2001, una odisea del espacio. Siempre podréis volver a mi otro blog, a Por amor al séptimo arte –http://cineporamoralarte.blogspot.com.es/-, si es que después de todo, no os apetece saber como es la vida de no ficción.

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