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Siento cierta intriga por conocer cosas que pasan en nuestro cerebro y que tienen que ver con el lenguaje o con los procesos de aprendizaje del lenguaje en general.

Me maravilla comprobar como los niños que están aprendiendo a leer, son capaces de conocer y reconocer palabras incluso antes de poder pronunciarlas. Evidentemente esto es posible porque aprenden las “imágenes” de las palabras, de forma que simplemente tienen que asociar ese concepto visual a un concepto que para ellos es abstracto.

De igual  modo, somos capaces de leer cosas un poco raras, como el título de esta entrada, mediante un mecanismo muy similar: vemos las palabras a modo de imágenes. Evidentemente no sólo es por esto, existen otros motivos, pero este resulta fundamental.

Desde hace unos días he visto circular por Facebook el siguiente texto:

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Yendo un paso más en la lectura de esta imagen, os diría que yo además de lo obvio, veo aquí un hombre con sombrero… (aunque puede que sea porque estoy escuchando a Sabina de fondo!)

No es por ganas de llevar la contraria a quien lo haya viralizado, pero siento decir que leer esto no significa que tengas una mente poderosa, significa que usas -como la mayoría de la gente- los dos hemisferios de tu cerebro a la hora de leer y traducir el texto. Y eso no tiene nada de raro ni de poderoso.

Nuestro hemisferio izquierdo es el que controla el lenguaje y el procesamiento secuencial de la información, y se le conoce como el hemisferio simbólico o lógico. El hemisferio derecho se encarga de procesar la información con datos visuales y espaciales, y se le conoce como el hemisferio visual u holístico.

De niños, cuando aprendemos el lenguaje y a leer usamos básicamente el hemisferio derecho, el de la información visual, de forma que reconocemos palabras a partir de sus imágenes. En un proceso posterior, asociamos rápidamente la grafía de esas palabras a sus sonidos para, a partir de ahí, aprender a leer palabras nuevas por nosotros mismos. Cuando llegamos a los 6 o 7 años nuestros hemisferios están preparados para trabajar conjuntamente, analizando las letras, descifrándolas y leyéndolas no sólo como letras, sino también como un conjunto, como una imagen visual.

Por este motivo, aprender un idioma es una tarea que se vuelve más compleja cuando nuestro cerebro ha traspasado la fase de trabajo visual y se ha instalado en él la dominancia del hemisferio izquierdo. Ni que decir tiene que si se pretende aprender un lenguaje escrito basado en pictogramas (los orientales, por ejemplo) será más efectivo si se inicia el aprendizaje en edades muy tempranas. Resulta además curioso que en culturas con este tipo de lenguajes apenas se den casos de dislexia, ya que su pensamiento está direccionado al trabajo con el hemisferio derecho.

Para comprobar la fuerza o dominancia del hemisferio lógico sobre el visual solo tendríamos que realizar este ejercicio:

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Vemos muy claramente como en nuestro cerebro impera la interpretación de las letras sobre el reconocimiento del color visual.

Bien, si volvemos al primer ejemplo, cabría preguntarse algo que resulta paradójico, ya que si bien podemos leer y entender el texto escrito, sin embargo nos resulta imposible de comprender si lo convertimos en un lenguaje oral. Luego se puede leer, pero no se puede leer.

O quizá sería mejor decir que el mensaje se puede leer y entender si está escrito, pero no se puede leer y entender si se verbaliza, si se lleva al lenguaje oral. La traducción oral de la primera frase sería algo así: “tres cinco siete tres -espacio- eme tres ene cinco cuatro jota tres”

Y resulta ininteligible para cualquiera que nos oiga decirlo. ¿Qué ha ocurrido? Pues no lo sé muy bien, la verdad. El mensaje sigue siendo el mismo, pero el “lenguaje” que usamos es diferente, el lenguaje escrito tiene unas pautas de codificación que no son las mismas que las del lenguaje oral. Digamos que lo escrito podemos leerlo porque nuestro cerebro busca siempre la forma más reconocible cuando se enfrenta a una estructura desconocida. Es una de las leyes básicas de la gestalt y, al igual que la ley de la totalidad, nos permite interpretar el mundo y reconocerlo incluso en situaciones límite.

De igual modo, nuestro cerebro puede funcionar de manera “predictiva”, como los correctores ortográficos -malditos ellos- de los teléfonos móviles, o lo que es lo mismo, puede completar una palabra que resulta incompleta o ininteligible mediante un proceso de “pre-aprendizaje” -proceso que es continuo-.

Finalmente, leer y descodificar un texto escrito puede resultarnos más o menos fácil en función de las relaciones de similitud que seamos capaces de establecer entre letras y números que son parecidos. Creo igualmente que otros motivos que nos llevan a entender estos textos escritos es que recurrimos a nuestra memoria y a las reglas mnemotécnicas que usamos muchas veces casi sin darnos cuenta. Pero quizá eso debería pensarlo en otra ocasión.

Como ninguno de estos motivos intervienen al verbalizar un texto escrito, supongo que es lo que hace que resulte imposible de descifrar a quien quisiera escucharlo…

Pero esto no es más que una teoría mía o un desvarío de cualquiera de mis hemisferios pensantes!!

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