La creatividad que surge del caos

“El caos no existe, constituye una forma sutil de orden”.

KAM (Kolmogorov, Arnold y Moser)

No puedo estar más de acuerdo con este grupo de científicos que siguieron los pasos iniciados por Poincaré y que pusieron su granito de arena en el desarrollo esa idea conocida como la ley de caos. Otros muchos vendrían después, como Lorenz y sus ecuaciones para la predicción atmosférica o Robert May que encontró ejemplos de caos en sus estudios sobre los cambios sufridos por las poblaciones biológicas, lo que dio origen a la ecología de poblaciones; o mi favorito, Feigenbaum, el padre de los sistemas expertos y la inteligencia artificial, para quien resulta posible que dos sistemas distintos evolucionen hacia un mismo comportamiento caótico, o lo que traducido a una formulación teórica sería: tanto el comportamiento regular como el caótico se rigen por leyes universales concretas.

A mí me gusta bastante el caos, el caos entendido como esa afirmación de inicio, como una variante profunda del orden, perceptible para quien está dispuesto a mirar desde otro punto de vista el mundo ordinario que se le presenta. No voy a entrar hoy en si lo que vemos es el mundo real o sólo una modelización de lo que nosotros creemos que es “el mundo”, limitado a nuestra experiencia perceptiva. Eso, que daría para filosofar un buen rato, lo dejaremos para otro día. Hoy me interesa más centrarme en la parte creativa del caos, en esa cualidad magnífica que posee para hacernos más sensibles a las cosas que nos rodean, para entender que en lo impredecible hay belleza y renovación.

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Orden y caos (Contraste). M.C. Escher, 1950.

De alguna manera, y siguiendo la estela de las teorías de John Briggs y David Peat, el caos nos libera del perfeccionismo, de la simetría de lo mecánico que ha regido la cultura y el arte a lo largo del tiempo. El caos permite ver en la destrucción una posibilidad de creación, en la muerte un nacimiento, permite crear y recrear, flexibilizar nuestros modos de pensar y de vivir. Y la creatividad es un vehículo maravilloso para moverse dentro del caos, porque gracias a ella nos liberamos de la obsesión por el control y el orden, lo cual me parece bastante beneficioso.

Si entendemos el caos como un sistema flexible y no lineal, que se mantiene por sí solo, renovándose permanentemente, entonces tendremos que dar un valor importante a lo no predecible, al azar. Y no sólo eso, daremos importancia a la diversidad, a la aleatoriedad de las cosas, superando las teorías causales a las que parece que todo el mundo se agarra cuando ocurre algo imprevisto: “es que tenía que pasar…”, “por algo será…”, rezan frases populares muy extendidas al respecto de este tema.

Pero, debido a mi inclinación caótica, me niego a pensar que todo ocurre por algo y que, por tanto, está previsto y sujeto a una ley superior que ordena el mundo en función de “lo que tiene que pasar”. No, gracias a quien sea, mi vida no ha estado bajo el paraguas del orden natural de la cosas, lo que ha provocado que sea bastante imprevista, de difícil lógica, a ratos muy divertida y nada lineal. Hay quien podría agobiarle esto mucho, lo sé y lo entiendo, pero si usaran la creatividad entenderían mejor cuanto trato de explicar aquí.

Por otro lado, la creatividad no es un don con el que alguien nace, no es una cualidad específica de determinadas personas, ya que se puede aprender y desarrollar. Es más, estoy convencida de que es contagiosa y de que, en condiciones óptimas puede crecer de forma exponencial hasta en las mentes más áridas. La creatividad sólo necesita un ingrediente para desarrollarse: la curiosidad; y para mantenerse, un único abono: la flexibilidad. Sin ambas cosas, resulta prácticamente imposible ser creativo, se podría como mucho actuar bajo un modelo, un simulacro de creatividad, pero no dejaría de ser una falsificación.

De este modo, gracias a la creatividad, el caos aparente del mundo puede ser aprovechable para enriquecer nuestra experiencia vital, puede permitirnos divagar y crear teorías excéntricas sobre cosas trascendentes y, desde luego, sobre cosas banales, e incluso puede permitirnos ser, espontáneamente, más felices.

¿A quien no le gustaría?2104589h350

Yo, por si acaso, voy a seguir recogiendo y doblando calcetines, que es una de esas tareas domésticas en las que el orden y el caos se pelean por superarse así mismos, dejándome la sensación de que si no fuera una persona creativa, no podría jamás realizarla.

“Más allá de nuestros intentos por controlar y definir la realidad, se extiende el infinito reino de la sutileza y la ambigüedad, mediante el cual nos podemos abrir a dimensiones creativas que vuelven más profundas y armoniosas nuestras vidas”.  (J. Briggs)

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